Comienzo a ver fragmentos
y una aroma envolvente,
viene a mi olfato a mostrar
los surcos del cilantro.
Las semillas que mi abuela
sembraba cada año con sudor,
germinaban mi inocencia
cuando sus tallos crecían.
Mi amorosa abuela
cubría las semillas con ramas
de espinos, armando su mosaico
extendido en la tierra.
El acto de dar vuelta la tierra,
Sudar y cansarse como labriego perdido,
Se convierte en arpillera de tallos
Y aroma que enmudecen mi alma.
La vida es un acto de amor que
siembra, poda y recoge.
Y es un poema encubierto
Si alguien recoge los frutos.
A MI ABUELA LUCILA CONCHA (año tras año sembró cilantro en el patio de su casa)
5.9.08

No hay comentarios:
Publicar un comentario