Pueblo indígena, cuya fuerza está en la papa
tubérculo que sustenta su supervivencia.
Allí conocí una vendedora de mote,
su historia de penurias conmovió mi corazón.
De la iniquidad a la cual la vida
la había arrojado, se levanta
con impetuoso bravío
respondiendo con altivez al hambre.
De la responsabilidad y el tesón
de esta mujer, me sentí disminuída
ante el valor de ella y su lucha
por ganarle a la vida y a la aflicción.
Con ancestros mapuches
en todas ellas vi a mis bisaabuelas,
sus rostros morenos surcados de sol,
trabajo,lluvia , harina y sudor.
Mi espíritu se recogía en bendita
agonía,cuando hice reflexión
sobre estas vidas en regresión,
cuyos bríos y cantos sugieren atención.
La misma endémica opción de los pobres,
vender,para volver a llevar con humildad,
mientras las cofradías capitalistas
indiferentes ,doblan sus entradas sin perdón.
( A una mujer mapuche que conocí en Carahue, en un Verano con Waldo y parte de mi familia, 2008)
lunes, 31 de mayo de 2010
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