sábado, 22 de mayo de 2010

Los inviernos y el olor a parafina.

Siento el cálido estallido de un brasero
en la lejana tierra de Chillán,´
la lluvia obscura serpentea las calles,
voltea los cántaros ,la luz zigzaguea.

El señor invierno atemoriza
no viene con sonrisas como el sol,
esconde a los niños, los espanta
con su cara hosca y mojada.

Los envuelve en sus bolsas de agua,
les pone cintas de viento,
lento y cabizbajo
rueda por los canales de la ciudad.

Los olores se acercan con sigilo
espolvorean húmeda toxicidad,
más el olor de mi jóven madre
me sumerge en la tina tibia del amor.

Las sombras del pasado juegan
simulando ser amigas entre sí,
revolotean admirablemente mi ternura
abrazados a mi en mágica plenitud.

(Libertad , a su madre .22 de Mayo 2010)

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