Las moras siempre acompañaron mi infancia,
desde los dulces que hacía mi madre ,hasta
las travesuras de arrancar los frutos
polvorientos ,a orillas de los riachuelos.
Las nubes de polvo las ciegan,las tornan
blanquecinas,saliendo triunfante de polvaredas,
las envuelve la complicidad de los enamorados
y el hastío de los cansados camioneros.
Sin embargo nunca como en este verano,
en la región de la araucanía, las moras
tuvieron tanta presencia en mi fiesta otoñal,
recordé con emoción su compañía.
Ahuecadas en las manos de las madres
mapuches,escondían su color,
los haces reflejaban la luz solar
y ellas se ofrecían sin pudor.
Esculpidas con polvo y agua
ennegrecidas, vigorosas y arrogantes
apoyan a estas madres en su fragata
de ventas, desoyendo impávidas el fluir.
Las mujeres mapuches pobres,cortan
guardan, cántaros de moras,en tinajas
ardientes de indignidad,no solo las han
despojado de sus tierras sino que las mandar a mendigar.
(En un verano por la región de la Araucanía 2007, con mi familia de Chile) libertad joan. 31 de Mayo de 2010.
lunes, 31 de mayo de 2010
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